Entre sombras florece tu regazo sagrado,
como
un río de luz en silencio callado,
donde
el mundo se aquieta, rendido y amado,
y
mi vida en tu pecho descansa, abrazado.
Tus
cabellos derraman un fulgor delicado,
como
espigas de fuego en un sueño dorado,
y
en tu piel se hace eterno lo frágil, lo alado,
como
un verso de amor que jamás fue olvidado.
Eres
tierra y refugio, destino sembrado,
la
raíz donde el alma se siente enraizado,
y
en tu abrazo se anula todo miedo heredado,
porque
en ti cada herida se vuelve sagrado.
Duerme
el tiempo en tus brazos, sereno y elevado,
mientras
velas mi sueño con pulso entregado,
y
en tu aliento florece mi nombre guardado,
como
un canto infinito, profundo y sagrado.
Madre
mía, universo de amor consagrado,
eres
luz que en la noche me guía a tu lado,
y
si el mundo se rompe, si todo ha callado,
tu
latido me nombra… y renazco, salvado.
Richardy R. Vázquez Dávila
Puerto Rico








