lunes, 24 de agosto de 2026

INCIERTO CORAZÓN - BERTHA LARAF

 



Si te hiciera falta un poco de mi vida,

si te hiciera falta el susurro de mi voz,

con frenesí te lo daría.

Si soy esa pieza que la ausencia necesita,

como un lazo etéreo o el invisible eco de un murmullo sin razón.

Ese vacío incierto que reclama tu inerte corazón,

aquí lo encuentras

aquí conmigo.

En este instante sin finitud, porque sí soy la pieza que te falta.

Aunque nunca te dije que te amaba.


Bertha Laraf

Veracruz, México


sábado, 22 de agosto de 2026

LOS SECRETOS EN UNA TAZA DE CAFÉ

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ESTRELLAS EN EL POEMA - ISIDORO ARTURO GÓMEZ MONTENEGRO

 



El amanecer; disipa las sombras.

Astillas de afiladas piedras.

Sentimiento fugaz, repentino de sombras.

Me habitan: bosque, árboles, musgo de matices diferentes.

 

Siempre bajan a árboles dormidos.

Signo arcaico, cumbre lejana.

Luz mágica apila resmas

hojas de árboles.

 

Bajo sombras cabalga luna de ausencia.

Tiempo roto...

señal de relámpago y lluvia.

En herrumbre de vida;

deambulan amantes furtivos

dan vuelta a la herida del cosmos.

 

El amor se renueva en cada viaje,

al rotar la rueda.

Somos pasajeros del alba al compás de un vuelo aterido.

Caprichoso céfiro de la noche

pone letras en el reglón.

 

 

Retorna el dolor...

la flor se suicida lejos...

lontana realidad.

Canto canciones innominables.

 

Silencio de Dios sin vocación de culpa.

Disperso, carente acompaño mi sombra.

Sin inspiración oscura observo sombras.

Luz del día de culpa,

pasa el tiempo igual.

 

Las horas abren ventanas al sueño.

Embrujo de luciérnagas en anochecer del poema

alumbra constelaciones.

Orión y sus estrellas.

Azul y Betelgeuse.


Isidoro Arturo Gómez Montenegro .

Cosoleacaque Ver. México.


martes, 11 de agosto de 2026

DONDE LA LUZ NO MUERE- LUCAS GRASSELER

 


Aunque la piedra sangre en su quebranto,

y el cielo calle frente a su agonía,

aún guarda entre sus alas aquel canto

que alguna vez llamamos alegría.

Lleva en el pecho cicatrices de oro,

memoria fiel de todo lo perdido;

porque hasta el alma que ha llorado a coro

puede hacer luz de aquello que ha sufrido.

Sus ojos ya no miran este suelo,

conocen el dolor y su misterio;

pero sus alas aún abrazan cielo,

como quien vence al tiempo y al cautiverio.

Y así permanece: herido, no vencido,

con cada grieta convertida en llama;

pues quien amó, cayó y ha resistido,

jamás se rompe… se transforma y ama.

Autor: Lucas Grasseler

Río Cuarto, Córdoba — República Argentina