Aunque la piedra sangre en su quebranto,
y el cielo calle frente a su agonía,
aún guarda entre sus alas aquel canto
que alguna vez llamamos alegría.
Lleva en el pecho cicatrices de oro,
memoria fiel de todo lo perdido;
porque hasta el alma que ha llorado a coro
puede hacer luz de aquello que ha sufrido.
Sus ojos ya no miran este suelo,
conocen el dolor y su misterio;
pero sus alas aún abrazan cielo,
como quien vence al tiempo y al cautiverio.
Y así permanece: herido, no vencido,
con cada grieta convertida en llama;
pues quien amó, cayó y ha resistido,
jamás se rompe… se transforma y ama.
Autor:
Lucas Grasseler
Río Cuarto, Córdoba — República
Argentina

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