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sábado, 1 de noviembre de 2014

FLORES.






Era una cálida mañana de Octubre. Me encontraba recostado sobre un hermoso y verde pasto  húmedo por la lluvia nocturna, mirando a los muelles del puerto de Veracruz.
El Sol rosaba suavemente mi piel, y la brisa, casi ruidosa, relajaba mis tímpanos. Podía escuchar los pasos de la gente madrugadora que caminaba cerca de mí. Mis ojos, ellos no podía dejar de mirar las hermosas flores suaves que estaban a unos cuantos saltos. Sus hermosos pétalos rosados con blanco se movían al ritmo de la brisa marina. Incluso puedo jurar que podía escucharlos danzar.
Nunca había profundizado en el significado espiritual de las flores, de hecho, no había pensado sobre un objeto que vemos muy seguido. Pero esta vez, no podía dejar de ver esa  maravilla de la creación, con sus suaves pétalos similares a la tela más fina.
De repente  unas ganas inmensas por cortarlas y llevarlas conmigo se apoderaron de mí, pero eso sería terminar con su vida, por decirlo de algún modo. ¿La posesión vale más que la admiración? ¿Es tan poderosa que nos hace matar para tener en nuestro poder la cosa deseada?  Esas preguntas me llenaron la mente. Bien podía admirar las hermosas flores hasta tener que irme y regresar de nuevo a observarlas, o también cortarlas, tenerlas y ver su hermosura hasta que empiecen a morir. Podía tomarles una foto y llevar su imagen conmigo, pero no sería lo mismo, ni la obra de arte más hermosa podría igualar a estás flores.
 El dilema y mi ansiedad crecen con cada nueva pregunta que formulaba en mi consiente. Otra opción sería comprarlas en una florería, total, yo no sería quien las cortaría. Esa posibilidad fue descartada al momento de pensarla. Ninguna flor podría igualar a estás.
El sudor comenzaba a correr por mi frente. Fácil
Podría cortar una, no se darían cuenta, mi respiración se agitó cada vez más. Solo yo sabría de ese asesinato y la culpa me comería vivo. Atentar contra tal belleza natural.
 Me levanté del pasto, con mi ropa húmeda y por el sudor, que tal dilema me provocaba.
¡Listo! ¡Decidido! Me iría de ahí, lejos de las flores y jamás volvería. Sin pensarlo me retiré, sin mirar atrás, mis pasos eran pensados y mi mirada baja. Un solo vistazo antes de desaparecer. Con toda decisión me voltee. Las flores estaban ahí, hermosas y cálidas pero algo no cuadraba. Rápido me di cuenta de alguien no estaba antes ahí. ¡Un niño! Cortando una flor para su mamá.




Daniel Hurtado
Veracruz, México

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