Se cuarteó, de poco en poco,
el
cuerpo, el alma, el espíritu;
su
sensibilidad al saber
de
las huestes en el Ártico.
Llevaron
en sus maletas
una
lira, un reloj,
una
jaula y una flor,
por
si suenan las trompetas.
En
esa fisura que se encuentra
entre
el tiempo y el espacio,
vibra
la lira advirtiendo
que
sin música no hay vida.
Nieve
muy fuerte en el Ártico,
con
la esperanza escondida;
desistir
será un acto mágico,
a
la vez, un raro punto suicida.
Suena
la melodía
de
la antigua lira;
marca
el reloj,
el
minuto ya sin ira.
La
noche aún no concluye.
Se
espera que el que preside
decida
pronto renunciar,
o
no volverá con el alba.
La
vida vuelve a continuar,
¡sin
el malvado!
Llegan
mil años de paz.
Bertha Laraf
Veracruz, México

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