Soy Yōllotzin, la herida
que
en la hoja se hace flor,
soy
silencio y soy clamor
de
la tierra adormecida.
Mi
raíz no está vencida,
aunque
el llanto me asombra;
pues
mi espíritu en la sombra
guarda
un fuego verdadero,
y
en mi pulso siempre artero
late
el alma que me nombra.
Entre
savia y piel respiro,
soy
mujer y soy montaña,
llevo
el bosque en la entraña
y
en su eco me retiro.
Cada
lágrima es suspiro
de
la lluvia que bendice,
y
aunque el mundo me deslice
mi
verdad sigue encendida;
porque
como toda flor nacida
rompí
el suelo y lo deshice.
No
hay dolor que no florezca
si
lo abraza el corazón,
soy
raíz en expansión
aunque
el tiempo me estremezca.
No
hay mirada que se ofrezca
al
olvido ni al quebranto,
pues
en medio de mi llanto
nace
un canto verdadero:
soy
semilla, soy sendero,
y
si caigo me levanto.
Yōllotzin Cuāuhxōchitl
(“Corazón pequeño de flor del bosque”)
Lucila Reyes González
México

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